Los pesajes forman una evolución clara, no solo una fila de cifras escritas una debajo de otra.
Entre dos pesajes, la plataforma calcula la ganancia media diaria. No la sacas tú con la calculadora y no depende de que los intervalos sean iguales: si has pesado a los 40 días y luego a los 90, la cuenta sale bien en los dos casos.
De las cifras juntadas se levanta una curva del peso durante todo el crecimiento, con la referencia de la raza al lado. Ves de un vistazo si el animal está por encima o por debajo de lo que se espera de su raza.
Un animal que se estanca sigue pareciendo igual que los demás durante mucho tiempo. En una curva, la parada se ve enseguida. La plataforma levanta avisos por desviaciones importantes, por animal o por todo el censo a la vez.
Los umbrales se pueden ajustar, y eso cuenta más de lo que parece. Con un umbral demasiado estrecho, un pesaje con −0,1 kg después de seis meses acaba siendo alarma roja — aunque eso no es enfermedad, es la báscula. Una pantalla llena de alarmas falsas se ignora en tres días, y con ellas se ignoran también las de verdad.
Además del peso, se puede apuntar la puntuación de condición corporal, en la escala que usa la granja. En las vacas de leche dice cosas que los kilos por sí solos no dicen, sobre todo alrededor del parto y a la entrada en el secado.
Después de un pesaje, la evolución y la ganancia se vuelven a calcular en el acto, y el siguiente pesaje se puede poner en el calendario. En el grupo de recría, el plazo sale para todo el grupo, no animal por animal.
Añade los pesajes que ya tienes y ve desde el primer momento quién crece bien y quién se queda atrás.